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La inseguridad se apodera de los espacios públicos en Caracas

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Eran casi las 3:00 p.m, un martes cualquiera en la ajetreada ciudad de Caracas, Manuel, quien es politólogo, estaba reunido con unos compañeros discutiendo un plan de trabajo en un pequeño cafetín dentro de la torre Polar, ubicada en Plaza Venezuela; se encontraba acompañado con un candidato opositor para las próximas elecciones parlamentarias en el país. Con él son cuatro personas en la mesa y todos disfrutaban un café, así lo publicó NTN24.com.
Cercano a ellos habían dos hombres quienes también tomaban café, y de vez en cuando lanzaban una mirada a la mesa. Manuel los vio pero les prestó poca importancia. De entrada le parecieron mensajeros, ya que esa torre tiene muchas oficinas. Al cabo de unos 10 minutos ambos sujetos se retiraron del lugar.
De repente esos mismos individuos regresaron y se colocaron estratégicamente rodeando la mesa. Ambos sacaron de sus bolsos dos armas automáticas las cuales cargaron frente a sus ojos. La petición fue en primera instancia para Manuel:
-Dame el Samsung S4 que tienes en el bolsillo- acto seguido colocó el cañón de la pistola a nivel de su costilla.
Manuel metió su mano en el bolsillo mientras el delincuente acercaba más la punta de la pistola contra su cuerpo. Él quería tratar de defenderse pero tenía miedo que en medio de la confusión comenzaran a disparar y alguien saliera herido, o muerto.
El otro hombre realizó lo mismo con una compañera de Manuel y le pidió el celular.
Otro de los teléfonos estaba sobre la mesa pero los maleantes al verlo solo dijeron que: “eso no valía nada”.
Los sujetos de la misma forma como entraron salieron, pero esta vez corrieron con pistola en mano y dos celulares inteligentes en su haber.
Manuel y sus compañeros pensaron que ese sería el último de sus días.
Historias como estás se repiten a diario en la capital de Venezuela y según el informe de la ONG Observatorio Venezolano de Violencia, el hurto y el robo se ha incrementado en gran medida “amparados en la impunidad, en la desesperanza de la población que no denuncia a las autoridades los delitos, y en la falta de respuesta de las policías”.
Andrew Morrison, experto en temas de desarrollo social del Banco Interamericano de Desarrollo, cree que este crecimiento en la violencia, particularmente en nuestro continente se debe a la ecuación pobreza+desigualdad=violencia.
El miedo se apodera de la ciudad
Manuel, nombre ficticio que se usa para proteger su identidad, afirmó que la situación lo había dejado con mucho miedo, sentía que lo vigilaban a cada momento y no quería denunciar el hecho porque sabía que “nada iba a pasar”.
Al contactar a un funcionario de seguridad que trabaja en la torre y explicarle el hecho este relató que situaciones como esa ocurren todos los días. De hecho explicó que días antes habían ingresado a un oficina, de una conocida línea aérea, y habían amarrado y desnudado a todos los que ahí se encontraban para robarlos. Agregó que poco pueden hacer ya que ellos no se encuentran armados y solo pueden servir de canal para informarles a la policía cuando ocurre un hecho así.
Para el sociólogo venezolano Roberto Briceño León, en un trabajo titulado “Violencia, Ciudadanía y Miedo en Caracas”, el miedo a la violencia produce una pérdida de la ciudad, pues las personas dejan de visitar ciertas zonas o de salir a ciertas horas que son “consideradas peligrosas”.
“Hay lugares a los cuales se puede ir y otros que se deben evitar. Unas horas en que se puede salir de la casa y otras a las que no se debe regresar de una fiesta. Y así la ciudad se vuelve cada vez más ajena. Este proceso selectivo ha ocurrido siempre en las ciudades, pero la magnitud de la inhibición cambia de una ciudad a otra, de un periodo al siguiente”.
Briceño destaca que la consecuencia mayor del miedo y la inhibición es la “pérdida del espacio público”.
“Muy poca gente en Caracas se atreve a caminar por sus calles en la noche, incluso en los espacios peatonales diseñados con ese fin, y así el ciclo se perpetúa, pues, al haber poca gente en ellos, se vuelven todavía más inseguros dichos espacios”, indicó.
La política y la violencia
Briceño León destaca que en Venezuela lamentablemente la política en los últimos 16 años de Revolución Bolivariana ha influido sistemáticamente en el flagelo de la violencia retratándose en “el desprestigio sistemático de las policías, la decisión de no reprimir, la partidización del sistema judicial, las acusaciones entre los propios partidarios del gobierno de tener grupos de exterminio entre sus policías, la discontinuidad en las políticas de seguridad, el elogio de la violencia en los discursos del gobierno y el silencio de las máxima autoridades”.
En su trabajo el especialista asegura que todos esos aspectos motivan al delincuente a actuar, ya que, interpreta que su influencia delictiva no va a traer mayor consecuencia, y crece ese deseo de permanecer al margen de la ley, situación que se traduce en un mayor repunte de la violencia.
Manuel ya no tiene un teléfono inteligente pero está consciente que de no haber accedido a la petición del delincuente hoy ya no estaría vivo.

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